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Había una vez un abuelo que vivía en un pueblo. Cuando
él iba andando por un bosque encontró una grulla que
se había lastimado una pierna con un cepo. Él volvió
a casa con ella; le cuidó. Cuando se restableció,
él la soltó. Un día, una hermosa mujer visitó
su casa y empezó a vivir con ellos. Ella les dijo que podía
confeccionar una tela. Además les dijo que cuando ella estaba
confeccionando, no quería que nadie fuera a su habitación.
Ella era muy trabajadora y sus telas eran estupendas, pero ella
estaba adelgazando poco a poco. Aunque ellos querían atisbar
la habitación, soportaron no poder ir a su habitación
en mucho tiempo. Pero, finalmente, ellos la vieron. En la habitación
donde ella había estado, había una grulla y estaba
tejiendo con su pluma. Ella lo notó y salió de su
habitación. Les dijo a ellos: “soy la grulla que ustedes
salvaron. Vine aquí para devolverles a ustedes el favor recibido.
Quiero vivir aquí más tiempo, pero no puedo porque
han descubierto mi secreto”. Aunque ellos la intentaron detener,
ella voló hacia algún lugar.
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