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La primera vez que fui
a España fue durante mi infancia. Tenía cinco o seis
años y mi familia y yo fuimos a Benicassim donde mi abuelo
tenía un apartamento. Como era el décimo piso la vista
panorámica del balcón era fantástica. Como
era un niño nunca había estado en un edificio tan
alto. Estaba situado al lado del mar y por supuesto íbamos
cada día a la playa para bañarnos, jugar y descansar.
Para comer íbamos muchas veces a la tasca “El Pollo”
donde tenían un pollo riquísimo. Hasta hoy no conozco
un sitio mejor para comer pollo. Por la tarde recuerdo que jugaba
al fútbol con los niños del portero. No sabíamos
nada de la lengua del otro y comenzábamos a enseñarnos
algunas palabras.
Pues, las vacaciones en España nos encantaban a mi familia
y a mí, y volvimos muchas veces al apartamento de mi abuelo
durante mi infancia. Por consiguiente yo seguía captando
impresiones de un país bellísimo y de su gente tan
amable.
Un día mi familia y yo junto a mi abuelo fuimos a un restaurante
de pescado al Grao de Castellón para encontrar a un amigo
de mi abuelo. La verdad es que no me gustaba la comida aunque normalmente
como pescado: Sepia y pulpo y otros moluscos de la gran variedad
de especies del mar me parecían monstruos pequeños
y no me gustaba la idea de comer monstruitos. Hoy por hoy no como
ni pulpo ni sepia. Pero el amigo de mi abuelo me encantaba. Era
un hombre seguro de sí mismo y tenía un sentido del
humor maravilloso. Además, era muy amable con los niños
y, mi hermano y yo nos llevábamos muy bien con él.
Me acuerdo que a mí el amigo de mi abuelo me parecía
muy español.
La próxima vez que lo vi fue en la tasca “El Pollo”.
Allí también la comida me encantaba. Cuando estábamos
comiendo un pollo riquísimo, mi abuelo y su amigo nos contaron
a mi familia y a mí unas historias de sus viajes por España.
Una vez, ellos alquilaron un coche en Valencia para ir a Barcelona.
Mi abuelo conducía y cuando giraron una calle estrecha en
Valencia, oyeron un ruido descomunal. Su amigo le dijo a mi abuelo
que tenían que parar pero él le replicó que
no era nada y siguieron. Tras 300 kilómetros más los
dos llegaron a Barcelona. Bajaron y miraron el coche por primera
vez desde su arranque en Valencia. La causa del ruido ahora era
manifiesta. A la derecha en la parte trasera del coche, ya no había
ninguna parte del guardabarros. Lo habían perdido en Valencia.
Entre estos primeros viajes a España en mi infancia y el
siguiente habían transcurrido unos años. Cuando tenía
18 años fui a mi abuelo para preguntarle si podría
ir a su apartamento en España junto con unos amigos míos.
Él estaba un poco escéptico porque cuatro jóvenes
determinados a experimentar el mejor viaje de toda su vida no le
parecía una idea muy buena. Además, queríamos
ir a España en coche y yo solo tenía mi carné
medio año. El mayor de los cuatros lo tenía 9 meses.
Sin embargo, al final mi abuelo nos dejó su apartamento.
Creo que se acordó cuando había sido joven una vez.
Sin duda, el viaje fue genial. Sólo llevábamos tres
días en España y nos encontramos con unas chicas españolas.
Fuimos a muchas fiestas. Una vez, después de una fiesta me
desperté con una resaca increíble. Sentí como
las olas del mar retumbaban en mis oídos. Cuando abrí
mis ojos vi la tasca “El Pollo”. A mis espaldas oí
como las olas de mar bramaban. Probablemente en algún momento
cuando volvía a casa debí pensar que la playa era
un buen sitio para descansar. Sólo el descanso duró
hasta la una de la tarde. Evidentemente durante mi descanso me dormí.
Cuando me levanté quitándome la arena de mi ropa,
la gente me miraba con cara de sorpresa. Fui rápidamente
a casa porque la situación era un poco embarazosa. No me
gustaba la imagen en la que parecía un típico turista
a la gente. Luego, mis amigos españoles me dijeron que la
resaca española era una cosa bastante normal, especialmente
en verano. Le podía ocurrir a cualquiera. Después
de este viaje volví a España muchas veces. Regresaba
no sólo por el sol, la playa y las fiestas sino también
por la gente, la lengua, la cultura. Ahora estoy en Benicassim otra
vez. Pero no vivo en el apartamento de mi abuelo aunque podría.
Vivo en la casa de su amigo. Él y su esposa son maravillosos.
Les estoy muy agradecido y también a mi abuelo. Mi abuelo
no podía imaginar que los asuntos en España me fueran
tan bien, pero él lo habría hecho posible de cualquier
manera. Y estaría feliz de eso.
Hoy voy cada día desde Benicassim hasta Castellón
para mejorar mi castellano en un centro de idiomas. A la vuelta
el autobús va por las Playas de Benicassim. La tasca “El
Pollo” todavía está. Cada vez que la veo, sonrío.
Daniel Malik
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